Covid 19 reordenaría el flujo de turistas en playas ecuatorianas

El  sector turístico, golpeado por la crisis que deja el Covid-19,  se alista a recibir visitantes a vísperas de la reapertura las playas en la costa ecuatoriana de manera progresiva; en total son 60 balnearios, que volverían a ser abiertas al público mediante un control que sería vigilado por tecnología inteligente ya instalada en algunos balnearios como alerta de tsunamis o sismos. Los dueños de hoteles y hostales creen que el turista será aun más selectivo a la hora de elegir un sitio donde hospedarse con su familia.

 

Mientras el sector se alista, también el Comité de Operaciones Emergentes (COE) de la Provincia de Santa Elena y el alcalde del Cantón Otto Vera, volverán a analizar si se retoma las actividades en los diferentes destinos debido al repunte de contagiados de Covid-19 en la Sierra, región donde más turistas llegan a hospedarse por más de dos días a diferencia de la Costa que vacacionan  por el día, fin de semana o feriados, debido a la cercanía de las ciudades. La expectativa se concentra en el número de visitantes que llegarían si se aprueba la apertura, a pesar que para esa provincia el plan piloto organizada por el Ministerio del Interior y Secretaría de Gestión de Riegos solo se incluyen los balnearios de Ayangue y Montañita, el sector ya recibe un flujo reducido y selectivo de huéspedes. El burgomaestre prevé un posible riesgo de contagio si solo habilitarían dos playas.

Imagen aérea de Farrallón Dillón, ubicado en sector Lomas de Ballenita.

Douglas Dillón, empresario turístico y activista, manifiesta que desde junio, fecha que Santa Elena pasó a semáforo amarillo, ha recibido más huéspedes que la misma fecha del año anterior, sin embargo, argumenta que sí ha tenido que reducir considerablemente su personal debido a la nula asistencia de huéspedes durante los tres meses de confinamiento total; en la actualidad la situación ha mejorado y dos nuevos colaboradores han sido contratados en los últimos días. Su hotel es el reconocido Farallón Dillón, ubicado en el límite de Ballenita y Capaes sobre el borde de un acantilado, el lugar reúne diversas cualidades: museo, artistas en vivo, bar, restaurant, piscina y una espectacular vista al mar donde también se practica el Surf en cierta época del año.

Para Dillón, el turista está muy ávido en buscar sitios naturales, con el propósito de conseguir tranquilidad y de alguna manera recargarse de energía. Estima que el nuevo turismo prefiere lugares abiertos donde pasar el día o la noche, ve como salida que los restaurantes, bares, entre otros sitios de aglomeración opten por promover la línea; mantener un esquema natural con el fin de recibir brisa salina del mar y sol de manera controlada a beneficio de la salud.

 

En Montañita, comuna que alberga la mayor cantidad de turistas extranjeros y nacionales, con un total de 1.500 personas, y que forma parte del proyecto piloto de reapertura, desconocen el alcance que tendrían la apertura de su playa. En la actualidad la zona ha mantenido sus negocios cerrados excepto de las tiendas. Un estero próximo al sector de las discotecas, donde sus aguas emanaban malos olores por la falta de alcantarillado, ahora luce con aves migratorias y cierto tipo de peces y crustáceos; el silencio y la tranquilidad ha vuelto.

Omar Vallarino, propietario y gerente de su hostal Arrels con capacidad para 20 camas, ubicado en barrio El Tigrillo en Montañita, no cuenta con nuevos huéspedes desde el inicio de la pandemia, sus principales clientes son extranjeros de Europa, Canadá y EEUU. Desde que su economía bajó, ha optado por alquilar sus habitaciones como pequeños departamentos. Lamenta que ha tenido que reducir considerablemente sus tarifas para conseguir dinero y poder pagar los servicios básicos así como su comida diaria. Vallarino deplora que no recibe alguna reserva en las plataformas virtuales donde los extranjeros suelen interactuar con los administradores de los hoteles.

La realidad es distinta para otros hoteles de esta comuna que atrae a surfistas por sus olas y belleza natural. Marcos Ramírez es uno de los pocos empleados de un lujoso hostal, ubicado cerca de la punta de la playa, manifiesta que desde junio ha registrado turistas mayores de 50 años y familias atrapadas por el Covid-19 debido a que dicho hostal esta al pie del mar, sus habitaciones están separadas y el restaurante sirve los alimentos frescos a la puerta o en mesas al aire libre mientras se disfruta contemplando el paisaje marino dentro de hostal sin salir a la arena.

Un guardaparque de la reserva marina La Cholocaltera en Salinas, descansa un momento luego de controlar el flujo de turistas en la zona.

Ramírez estima que no habrá un aumento considerable de turistas luego de su reapertura a la playa, ya que el miedo por contagiarse y por las muertes ocurridas en los últimos meses en la comuna podrían limitar la llegada de nuevos huéspedes.

Carlos Abad, presidente de la Cámara de Turismo de Santa Elena, lamenta que solo dos playas serían abiertas (Ayangue y Montañita)  cree pueda ser contraproducente, a su vez menciona que sería mejor que los turistas se distribuyan en varias opciones de playas con mayores controles, de lo contrario revela que lo mejor sería posponer el fecha de apertura ( el miércoles 22 de julio). Para Abad, el reto supone el control de visitantes y de la informalidad, la capacidad de carga de bañistas, uso de parqueos, la activación de salvavidas y guardias comunales.

En la provincia de Manabí también se alista, pero no todo el sector está preparado. Existe preocupación por el repunte de casos de Covid-19 en la sierra donde provienen un gran porcentaje de visitantes, y ahora prevén que como resultado de la pandemia al final del 2020 los ingresos del sector  disminuirán en el 50% en relación con el año anterior. Alberto Cornejo, empresario hotelero de Manabí, menciona que desde junio el sector ha mantenido un 30% de carga turística, otros han desaparecido por falta de ingresos. Refuta que el Plan Piloto, propuesto por el COE no exista un mayor conocimiento de qué playas estará habilitadas.

Cornejo revela que los pocos huéspedes son adultos mayores o padres de familia que buscan lugares despejados de personas, cerca del mar o lugares abiertos, pero no todos los hoteles tienen esa característica, la crisis económica que viene atravesando desde algunos años previo al terremoto ocurrido el 16 de abril de 2016 y a la falta de apoyo estatal para el sector, ha reducido la inversión para nuevas adecuaciones.

En la comuna de Olón su fiesta patronal celebrada en diciembre se lo realiza con actividades culturales de la Sierra como la Vaca Loca, Castillo de Juegos Pirotécnico y artistas invitados. El evento es uno de los más esperados por los turistas amantes de la cultura ecuatoriana.

 

Pero los viajeros aún se muestran escépticos en acudir a un destino. Silvia Carbo mantiene su costumbre familiar desde hace más de 10 años; cada feriado hospeda a toda su familia numerosa, a hoteles que brinden comodidad y diversión en un mismo lugar, manifiesta que al menos este año, no efectuará su acostumbrado de viaje, siempre alquilando chofer y furgoneta cómoda, se estima que Ayangue, que puede albergar a unas 800 personas, no ofrecería seguridad alguna a sus papás ya mayores.

Manuel sarmiento, arquitecto y activista es optimista con los nuevos desafíos de los hoteles, coincide con Dillón en mantener un ambienta natural no encerrado para los nuevos turistas, pues considera que la pandemia Covid-19 se mantendrá por mucho tiempo y el sector turístico deberá adaptarse a la nueva normalidad si desean aún continuar con el negocio de alojamiento.

 

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